¿Para qué aprender la lengua de un pueblo originario? 2022 10 09
Más allá de lo estético, de que pueda servirles para un proyecto personal o académico, para presumir con los amigos, quienes viven desvinculados de los pueblos originarios, ¿para qué quieren aprender nuestras lenguas?
En mi caso, creo imperante aprender, al menos en los rudimentos, la lengua de los O´depüt, el Bats'i K'op, y el complicadamente veloz lakty’añ, porque me desplazo en una región en la que se hablan esos tres idiomas además del español que es digamos el obligado puente que más que para comunicarse entre ellos, se emplea para que los desconocedores de esos idiomas podamos entender y ser entendidos.
Aquí de nada me sirve mi nahuatl mal masticado de la montaña de Guerrero. Aquí soy un 'castilla' más, un kashlan cómo dirían los tsotsiles. Porque no hablo su lengua, y mi palabra inicial para con ellos fue la palabra del extranjero.
Recuerdo que viajando a ferias católicas en la montaña alta era frecuente hallar entre los vendedores más viejos, algunos que no solo vendían en las ferias, como nosotros, sino que iban de pueblo en pueblo, comerciando, y la misma necesidad de la comunicación les llevó si no a dominar, si a comunicarse con fluidez en mè’phàà, Tu'un Savi, y náhuatl. Los demás, simples mortales que se conformaban con vender en español y nahuatl, veíamos no sin asombro y callado respeto a esos comerciantes políglotas ir por el mundo sin más presunción que sus aventuras por los accidentados caminos de su andar por los desconocidos rumbos de la montaña y la costa. Una cosa tenían esos hombres: nunca se asumieron salvadores ni rescatistas de lenguaje alguno. Se sabían ajenos a esos pueblos aunque en su paso por sus comunidades hubieran forjado vínculos considerados sagrados como las amistades o los compadrazgos. Sabían su lugar y sabían que aprender la lengua del otro les facilitaba el desempeño de su comercio, y no aspiraban a nada más.
Aquí soy un extraño y sé que aprender la lengua no me hará uno más de ellos, cosa a la que tampoco aspiro, no soy o no pretendo ser un conquistador buena onda que viene a traer la luz civilizadora a estos compas. Quiero aprenderlo por la utilidad que tiene prescindir del coyotaje lingüístico que ejerce el español. Porque en la traducción siempre se pierden y se omiten cosas. Así que lo mío es meramente utilitario. Creo que necesito aprender un poco, así sea lo básico de esas tres lenguas porque me servirán para entender mejor lo que aquí se habla y si bien nunca seré considerado un tostsil, ch'ol o zoque más, compartir una lengua originaria local siempre genera una cercanía que no consigue el español.
Por eso, cuando veo a tanto académico, a chavales cuyo entorno principal está alejadísimo de los núcleos donde se hablan esas lenguas, me pregunto de qué les sirve, más allá de la floritura en el discurso, del exotismo tan cercano a la discriminación, para la justificación de sus tesis que terminarán en algún archivo, lejos de las comunidades que sirvieron de objeto de estudio, o para presumir en sus redes sociales, ¿para qué aprender una lengua con la que no se vincularán quizá jamás en la vida, si no la ejercerán en su medio vivo? Lo pregunto genuinamente, sin mala leche, porque me parece, más allá de toda buena intención, que es un ejercicio muy cercano al discurso oficial que en los registros y museos pondera al pueblo originario pero en los hechos, a la lengua viva, a los que persisten y perviven, y alzan la voz, se les margina y asistencializa o se les considera y hace objeto de folclor, imagen de poster para programa oficial, pero difícilmente se les considera sujetos de derecho y mucho menos se les permite decidir sobre sus territorios y sobre sus propias concepciones de progreso, ya no digamos sobre la educación en sus propias lenguas.
Y también me pregunto por qué la lengua recurrente para aprender sigue siendo el nahuatl, además de que va casi siempre asociado a una parafernalia absurda de tocados con plumas, tambores, onomatopeyas ridículas y ridiculizantes, bailes exotizantes, y discursos de perdidos reinos y glorias de una élite a la que difícilmente habrían pertenecido sus nuevos ejecutantes, élite que además pactó con quienes impusieron a sangre y fuego lengua, dios, demarcación territorial y leyes. Será porque terminaron comprando el discurso del estado mexicano, que no solo nos puso en escaparates de museos y puestos de artesanías, sino que además nos contó la hermosa leyenda fundacional del águila devorando a una serpiente sobre el nopal que un pueblo exiliado inventó para salvar su memoria de la ignominia. ¿Por qué precisamente aprender el nahuatl desde la visión imperialista, guerrera, de conquista, por qué aspirar a ser un guerrero jaguar o águila, y no un cultivador de chinampas, un comerciante, por qué no aprender otra de las 68 lenguas originarias que hay en este territorio que nos fue impuesto y llamamos México?
Porque a ese grado llegan. Que viven en regiones dónde se habla otra lengua y quieren a huevo aprender el pinche nahuatl dónde ni dios lo habla.
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