Ahora que el presidente viajó (por fin [y usó, por fin, cubrebocas], fuera del país, es decir a comenzar a abrir el abanico de las relaciones internacionales, algo a lo que se había negado alegando austeridad, pero que ha delegado en el señor Ebrard, gracias al cual tenemos un T-MEC chulo de bonito, casi casi tan parejo y pleno de posibilidades de desarrollo económico para el país como el TLC que nos dejó en herencia el innombrable Carlos Salinas de Gortari. ¡Benditos próceres contemporáneos de la patria, conciudadanos de entre siglos! Bueno, a lo que venía. Al padre le gustaba mucho visitar Casa del Lago, en CDMX, y desde luego era seguidor fiel y atento escucha de seres extraños como José de Molina, Óscar Chávez, y el irreverente Llanero Solitito, fundador de CLETA, otro organismo extraño en el que convergían la música, el teatro y la crítica político-social. Así las cosas, nos llevó, a mí y mis ocho o nueve años, a una presentación que este señor, el Llanero Solitito, ofreció ...