Morena y las falsas dicotomías. 2021 01 24
La falsa dicotomía de la 4T sostiene que todo aquel que la critique es un nostálgico del poder despótico que enarboló el PRI por muchos decenios y el PAN durante dos administraciones federales, pero nada más lejos de ello.
Hay que señalar siempre que tanto el PRI como el PAN, lo mismo que el PVEM y el PRD demostraron en su momento, ya fuera por práctica común partidaria o por mero pragmatismo electoral, eran capaces de alcanzar parecidos niveles de cinismo y corrupción que sus congéneres, incluso de superarse unos a otros.
Corruptos, saqueadores, autoritarios, asesinos, incapaces de aceptar la más mínima crítica, instigadores de la violencia institucional, promotores de la judicialización de la protesta social, monigotes al servicio de los intereses del capital internacional y local en detrimento de la población más desamparada son algunos de los botones que orlan sus vestidos.
Señalar todo ello es, groso modo, hacer un retrato de la clase política que se ha sentido dueña de los destinos del país durante casi todo el siglo pasado y lo que va del presente. Sin embargo, que aquellos hayan y sean dignos merecedores de tales epítetos, no descalifica para su portación al actual proyecto de nación autoproclamado Cuarta transformación, o cuatroté para los cuates.
Que el PRI y los demás partidos políticos hayan sido unas lacras no significa, per se, que los actuales en el gobierno sean adalides de la democracia y el ejercicio de la transparencia, y eso es algo que muchos de sus seguidores parecen olvidar cuando se señala que en sus filas lo mismo hay viejos cuadros del priismo mas recalcitrante, que elementos de la casta empresarial que el presidente ha llamado en reiteradas ocasiones 'la mafia del poder', paramilitares de viejo cuño, exgobernadores acusados de endeudar a sus entidades de origen, operadores políticos -mercenarios- que sirven al mejor postor en cada proceso electoral, y así una larga lista de personajes con sus respectivos milagros y obras que lo único que dejan en claro es el pragmatismo electoral que primó en la elección del 2018, y cuyos resultados comenzarán a verse en cuanto los personajes que supieron aprovechar el curso de la marea electoralista comiencen a operar en favor de sus propios intereses, con el aval o no de Andrés Manuel, lo cual dejará también otra lectura: si no hay aval, implica que AMLO está prácticamente solo en su aventura transformacionista, y de haberlo, el aval, bueno, eso ya sería más interesante, aunque más lógico.
Por cierto, hay que revisar el proyecto neoliberal y oscuro del Plan Puebla Panamá, y equipararlo con los proyectos del sacrosanto y nacionalista tren Maya y del corredor transístmico.
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