Más allá de lo estético, de que pueda servirles para un proyecto personal o académico, para presumir con los amigos, quienes viven desvinculados de los pueblos originarios, ¿para qué quieren aprender nuestras lenguas? En mi caso, creo imperante aprender, al menos en los rudimentos, la lengua de los O´depüt, el Bats'i K'op, y el complicadamente veloz lakty’añ, porque me desplazo en una región en la que se hablan esos tres idiomas además del español que es digamos el obligado puente que más que para comunicarse entre ellos, se emplea para que los desconocedores de esos idiomas podamos entender y ser entendidos. Aquí de nada me sirve mi nahuatl mal masticado de la montaña de Guerrero. Aquí soy un 'castilla' más, un kashlan cómo dirían los tsotsiles. Porque no hablo su lengua, y mi palabra inicial para con ellos fue la palabra del extranjero. Recuerdo que viajando a ferias católicas en la montaña alta era frecuente hallar entre los vendedores más viejos, algunos que no so...
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