04 11 2019

El pasado 31 de octubre, durante una agresión de la policía estatal de Chiapas en contra de la ENR Mactumactzá, fue detenido el señor Anivar Gómez, quien es dueño de una papelería en las inmediaciones de la normal. Permanece detenido, torturado y con imputaciones por delitos que no cometió.
Pese a sus lesiones, pese a las recomendaciones para que se le atienda, se le trasladó al penal de El Amate y no se le está dando la atención médica necesaria.
Un caso de arbitrariedad como han existido muchos en toda la historia del país, sobre todo en los estados más marginados. Desde luego es indignante, desde luego muestra que no hay un estado de derecho, sino un sistema perverso y un estado que no busca la impartición de justicia, sino cultivar el terror.
Pero lo que más llama la atención es que esto suceda en un estado donde, en todos los niveles, quién gobierna sea el partido del cambio, MORENA. Que su gobernador, Rutilio Escandón ha sido un personaje represor desde sus primeros días y en poco se diferencía de sus antecesores, Pablo Salazar Mendiguchía, Juan Sabines Guerrero y José Manuel Velasco Coello. Que el fiscal general del estado haya sido señalado por organismos de derechos humanos como torturador en el sexenio de Pablo Salazar, y ahora esté al servicio de MORENA, solo deja en entredicho el discurso del cambio tan alardeado a nivel nacional.
Anivar no es la primera víctima, en enero fue ultimado el defensor de derechos humanos Sinar Corzo, lo mismo que Noé Jiménez Pablo y José Santiago Álvarez Gómez. Violentas fueron las agresiones en contra de comunidades adheridas al FNLS, así como las secuelas de represión, que ya han llevado a varios campesinos tras las rejas. No dejemos fuera de la lista de acciones represivas en contra de los cientos de desplazados de los altos de Chiapas y en contra del normalismo rural e indígena en el estado.
Hubo al menos un par de asesinatos por parte de la policía en los violentos desalojos orquestados en contra de MOCRI CNPAEZ (que dicho sea de paso fungió como grupo de choque a administraciones anteriores) y hubo al menos un muerto por el desalojo de la caseta Malpasito en días pasados.
Mientras el actuar caciquil, las alianzas pragmáticas para ganar el voto, el terror como política de control social sigan siendo moneda de cambio, mientras la criminalización, persecución, encarcelamiento y muerte de luchadores sociales permanezcan como práctica común de la clase política, no podremos hablar de un cambio profundo y democrático en el país.

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