10 12 2019
Ciertamente hace ruido. Pero se le piensa, y no, nada tendría que
extrañarnos el que a Zapata, a cualquier personaje de la historia se le
reivindique por su sexualidad, ejercida o no, reprimida o no, en modo
alguno.
Creo también que las reacciones de algunas organizaciones sociales, sobre todo campesinas, han sido poco menos que desproporcionadas y sobre todo, deplorables.
Sí creo, por otro lado, que es necesario profundizar el debate que se ha generado en torno a la imagen homoerotizada de un hombre desnudo sobre un caballo que ciertamente hace alusión a la imagen de Emiliano Zapata, más allá de la orientación sexual del caudillo morelense, o de la ofensa a quienes han -hemos- enarbolado su imagen como un referente histórico.
Porque ofensa, per se, no es. Pero vayamos más allá. Preguntémonos qué de malo tendría que un movimiento que hoy lucha por sus derechos retome para sí, para reivindicarse, a alguien como Zapata. Nada hay de malo en ello. Mañana podrían decir que el Pípila, si hablamos de arquetipos históricos, o un Papa, o algún otro personaje relevante de la historia reciente o antigua del mundo, podría decirse de Gandhi, o de Luther King, de Hitler incluso, si se quiere causar polémica, ejercieron una sexualidad poco ortodoxa para la moral de su tiempo.
La historia de la sexualidad no comenzó ayer, ni terminará mañana. El que a unos escandalice y a otros parezca motivo para provocar escándalo es sólo el reflejo de que vivimos en una sociedad oscurantista (machista desde luego, retrógrada, sin dudas, desconocedora de sus propios deseos, y culpígena sin margen de perdón) en la que ni las más progresistas y avanzadas vanguardias sociales han conseguido desechar sus atavismos.
Y porque no se apropian de la figura de un personaje para reivindicarla, sino para hacer mofa, sin más adjetivo, mofa que sirve al poder y al estado porque demerita todo el proceso de dicho personaje para reafirmarse en su sexualidad desde un pretendido discurso progresista que le hace el trabajo a la derecha.
Creo también que las reacciones de algunas organizaciones sociales, sobre todo campesinas, han sido poco menos que desproporcionadas y sobre todo, deplorables.
Sí creo, por otro lado, que es necesario profundizar el debate que se ha generado en torno a la imagen homoerotizada de un hombre desnudo sobre un caballo que ciertamente hace alusión a la imagen de Emiliano Zapata, más allá de la orientación sexual del caudillo morelense, o de la ofensa a quienes han -hemos- enarbolado su imagen como un referente histórico.
Porque ofensa, per se, no es. Pero vayamos más allá. Preguntémonos qué de malo tendría que un movimiento que hoy lucha por sus derechos retome para sí, para reivindicarse, a alguien como Zapata. Nada hay de malo en ello. Mañana podrían decir que el Pípila, si hablamos de arquetipos históricos, o un Papa, o algún otro personaje relevante de la historia reciente o antigua del mundo, podría decirse de Gandhi, o de Luther King, de Hitler incluso, si se quiere causar polémica, ejercieron una sexualidad poco ortodoxa para la moral de su tiempo.
La historia de la sexualidad no comenzó ayer, ni terminará mañana. El que a unos escandalice y a otros parezca motivo para provocar escándalo es sólo el reflejo de que vivimos en una sociedad oscurantista (machista desde luego, retrógrada, sin dudas, desconocedora de sus propios deseos, y culpígena sin margen de perdón) en la que ni las más progresistas y avanzadas vanguardias sociales han conseguido desechar sus atavismos.
Y porque no se apropian de la figura de un personaje para reivindicarla, sino para hacer mofa, sin más adjetivo, mofa que sirve al poder y al estado porque demerita todo el proceso de dicho personaje para reafirmarse en su sexualidad desde un pretendido discurso progresista que le hace el trabajo a la derecha.
El que la orientación sexual de una persona
siga siendo motivo de escándalo, que sirva para demeritar a otra, a
otro, sólo deja en claro un doble rasero en el discurso y nos demuestra
que como sociedad aún estamos muy lejos del ideal social al que decimos
aspirar.

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