21 11 2019
¿Se puede hablar de democracia en un país donde los levantones, desapariciones forzadas, la fabricación de delitos y asesinatos extrajudiciales en contra de defensores de derechos humanos sigue siendo una constante?
Mientras quienes gobiernan cabalgan con una bandera que culpa de todo mal a administraciones pasadas, el país sigue viviendo un baño de sangre del que ciertamente no se saldrá de un día para otro, pero también es cierto que definitivamente, seguirá siendo un callejón sin salida mientras la demagogia y los pretextos, el celo político y privilegiar una agenda de combate a todo tipo de movimiento, así como de proteger a toda costa una aparente imagen de cambio siga reinando ante esta pasarela de asesinatos en contra de luchadores sociales.
Se ha de seguir insistiendo: quienes han coadyuvado a construir la incipiente democracia del país han sido quienes han ofrendado su tiempo y en muchos casos su libertad y sus vidas en el trabajo organizativo a ras de suelo, lejos de la lucha elitista por el poder desde los partidos políticos burgueses.
Un gobierno que presta oídos sordos al asesinato de personas como Arnulfo Cerón Soriano (digo Arnulfo, pero la lista es larga) no es distinto de los gobiernos que prestaron oídos sordos a la desaparición forzada de 43 estudiantes de la ENR Raúl isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero; no guardan diferencia de fondo con un Rubén Figueroa Figueroa cortando cartucho y asegurando "muerto el perro se acabó la rabia" al referirse a la guerrilla de Lucio Cabañas. Para nada son distintos de los que ordenaron el asesinato de estudiantes en octubre del 68 y del 71, de quienes armaban guardias blancas para desarticular la legítima exigencia de tierras de campesinos pobres.
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