22 01 2019

Pasé al Archivo General del estado de Chiapas. La verdad es que no iba precisamente ahí, me dirigía a la biblioteca del centro cultural Jaime Sabines, en cinco de mayo. Pero justo antes de entrar a la biblioteca, que está en la segunda planta, volteé a la izquierda y lo ví. Me acerqué pensando en preguntar por un LP de JVA recitando sus poemas. La encargada del archivo me dijo que no, que de eso no había allí, pero me podía prestar algunos libros. Había cinco: feminario, aves, casa, antología, y una plaquete con su nombre. Estaba que me iba de culo. Si de por sí es inconseguible, tenía en mis manos cinco ejemplares originales de sus poemarios. Como si no fuera suficiente, se volvió a acercar la encargada, Chelito, me parece, y por qué no lo buscas en la tienda que está acá abajo (una librería educal) tal vez ahí la tengan, me dijo con su acento tuxtleco bien marcado. Preguntaré, prometí. Se fue, y la escuché hablando con alguien más sobre Quincho. Me desentendí y comencé a leer el primer poemario. No lo había terminado cuando la ahora amabilísima señora volvió para anunciarme que sí, que el LP estaba en el edificio pero como estaban cambiando algunas oficinas, todo estaba patas arriba; si se espera hasta mañana, seguro se lo tenemos para que le dé una checada. Lástima, salgo hoy, le dije, será para la próxima visita. No es de aquí, entonces. No, pero descuide, no hay prisa.
Volvió a retirarse. Parecía yo-yo yendo y viniendo de la oficina a la mesa que mi persona ocupaba. Regresó, casi sonriente, que lo van a buscar, pero a ver si da tiempo joven. Y yo, gracias, no se preocupe.
Iba por el tercer poemario, Casa, me parece, cuando frente a mi descubrí al ángel encargado del archivo que tantas vueltas había dado, y a un extrañísimo funcionario con lentes de pasta, que me tendió un LP al tiempo que me decía, lléveselo, en su casa lo escucha y lo pasa a cd, por ahí tenemos un ejemplar extra. Solo atiné a balbucear un gracias, gracias, es en serio? Sí, llévelo, ahí nadamás llena el formulario. En su casa lo pasa al cd. Y dió media vuelta para irse.
Y así las cosas, no termino de créermelo. A veces la vida, quiero pensar, dadme mis cinco minutos de metafísica, nos da, entre los amarguísimos tragos un respiro, o un picorete de azúcar antes de seguir vapuleándonos.
Cámara, voy a saborear mi pequeño terrón de azúcar.

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