24 12 2019
Conocí a Max a principios de este año que fenece. Es un tipo animoso,
afable y desmadroso; en algún momento de su vida, junto a su padre y dos
hermanos suyos, decidieron dedicarse a la producción de trucha arcoíris
en su localidad. Entonces, desde aquella tarde de caguamas sabatinas
extendió una invitación a probar esos peces en su casa. Dije que sí, con
la condición de conocer los estanques. No dijo que no, sólo advirtió
'está un poquito lejos'.
Ayer por fin hice caso de su invitación, y tras poco más de dos horas en carretera para llegar a su casa, debo decir que cumplió con creces su promesa de festinar su producción. En la mesa había café, tequila, pepsicolas, queso y truchas en caldo y empapeladas con habanero y jitomate.
El error estuvo en comer antes de la caminata, pero el paisaje bien valió la pena la mojada y el cansancio.
Ayer por fin hice caso de su invitación, y tras poco más de dos horas en carretera para llegar a su casa, debo decir que cumplió con creces su promesa de festinar su producción. En la mesa había café, tequila, pepsicolas, queso y truchas en caldo y empapeladas con habanero y jitomate.
El error estuvo en comer antes de la caminata, pero el paisaje bien valió la pena la mojada y el cansancio.
Las fotos no hacen justicia al paisaje.

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