26 10 2019 Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos

Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.

Manuel Gaspar fue asesinado el año pasado en Cuetzalan del Progreso, en el estado mexicano de Puebla, por su labor como activista y defensor de derechos humanos. El esfuerzo organizativo para la resistencia contra la imposición de una hidroeléctrica que encabezó el compañero después del artero asesinato en contra del compañero Antonio Esteban Cruz, en 2014, le granjearon amenazas de muerte a las que, pese a ser denunciadas, el estado mexicano encabezado en ese momento por EPN, (impulsor del paquete de reformas estructurales mediante el Pacto por México que integraron PAN, PRI y PRD, además de otros partidos menores) prestó oídos sordos a dichas denuncias, y a la propuesta que como integrantes de CNPA MN se hizo al congreso de la unión para la discusión de una Ley General de Consulta a los Pueblos Indígenas que garantizara la plena participación de los territorios afectados por megaproyectos. Esa inopia, esa complicidad con los grandes capitales, fueron los que cobraron la vida de nuestro compañero.
A más de un año de su cobarde asesinato, su familia, sus compañeros de organización, seguimos exigiendo justicia para Manuel Gaspar y para Antonio Esteban Cruz. El mayor delito que ambos cometieron fue exigir justicia.

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