31 12 2019

En 2005, adolescente y dado al drama, pensé que la vida era ojete; quiero decir que ya lo pensaba desde antes, pues, pero en ese momento pensé que no podía serlo más. Someramente, resumo: mis padres, que nunca estuvieron juntos se separaron en medio de un escándalo familiar en el que nosotros éramos el centro. Pero sobrevivimos. En ese momento pensé que el ensañamiento de la vida no tenía parangón.
Entonces llegó 2010. Y una querencia pasional, arrebatada, me fue perdida. Corrijo: uno no tiene a nadie, eso es una ilusión. Digamos entonces que me topé con el muro infranqueable de la realidad: aunque yo jurase pertenencia, lo cierto es que ese principio no se cumpliría nunca, en ninguna de las dos partes. Abandoné, al saber de la pérdida -me avergüenza confesarlo-, un proyecto en el que apenas comenzaba a sumergirme pero me atraía con fuerza: CNPA-MN. A pesar de todo, pudo más la fuerza del cliché y me alejé cosa de cinco meses. En ese momento habría jurado que el mundo y el destino, si algo así existía, no podía ser más hijo de perra. En 2009 había perdido a mi abuelo, figura central en la mitología personal, y en 2010, apenas recuperado, perdía el amor que un yo más iluso soñaba inextinguible. Pueril, ahora lo sé, era mi herida, que yo aún juzgaba mortal.
Para darle un sacudón a mi ingenuidad, 2015 llegó con toda su brutalidad. En marzo de ese año, Gilberto, un amigo muy querido, fue levantado afuera de su casa mientras regaba las pocas plantas de su minúsculo patio. Un par de meses después su cuerpo fue arrojado, decapitado, a las afueras de un cementerio en un municipio asolado por la violencia del narcotráfico en el estado de Guerrero (estado del que ambos somos, fuimos, originarios); su familia lo reconoció por un tatuaje en su espalda.
(Esto recuerdo: Estamos ebrios, en una colonia de Taxco, es 2007, o poco antes en la colonia La Panorámica; acabamos de recorrer las empinadas callejuelas de esta ciudad cuya venta de bebidas alcoholicas se detiene dos horas antes de la medianoche. Gilberto se saca la camiseta y me muestra la espalda: me la hizo un compa, dice, ya ves que no es muy bueno, pero tampoco quería un ala de ángel, porque soy una gárgola, un demonio, me dice, somos seres caídos. A su vecino de ese entonces, taciturno, enemistado con la luz del sol, él y mi hermana le llaman Drácula)
A finales de abril, volví a mi pueblo. Quería averiguar qué había pasado con Gilberto. Una semana después, volví al estado en el que resido hace siete años. Quería averiguar el paradero de mi amigo. No consigo demasiado, salvo algunas conclusiones que además de crudas, resultan dolorosas. La más: uno de mis primos menores, a quien GIl quiso mucho, milita en el grupo de narcos que lo secuestraron. Con las manos vacías, vuelvo.
Unos días, tres, más tarde, mientras espero en la fila del banco, suena mi celular. Omar, otro amigo, me llama y me dice que un día antes el Tony (¿conocen la canción El Huracán, de Arturo Meza? Pues escúchenla) fue levantado la noche anterior frente a su familia, en su casa. No es cierto, le digo, no juegues con eso, insisto. Entonces, Omar rompe a llorar y comprendo que nunca más compartiré una borrachera con Joaquín Sabina y Tony presentes. Encontraron su cuerpo en un basurero, tenía dos tiros de 9mm en la cabeza. Omar, al llamarme, estaba frente al cuerpo inerte de Tonatiuh. Unos días después, la muerte alcanzó al Chavo, eterno enamorado de mi hermana, que jamás se embriagó ni probó droga alguna. Días antes de su ejecución, el grupo de Los Ardillos, protegidos por el PRD y apoderados de la autoridad comunal, tramposamente le habían ofrecido el perdón a cambio de pasarse a sus filas al frente de un pretendido proyecto cultural que nunca se concretó. Los ejecutores de Salvador, El Chavito, El chavo, fueron sus antiguos aliados, Los Rojos, protegidos por un PRI agónico pero aún capaz de dar coletazos mortales.
Una de esas tardes, el Chino, otro amigo de la infancia, me llama y dice wey me quieren quebrar dicen que estoy en una lista pero yo no he hecho nada... Carnal, le digo, me vale madre lo que hayas hecho, si en algo estimas a tu familia, pélate.
A finales de abril, en el puerto de Acapulco, mi hermana cuestiona, públicamente, la decisión del estado mexicano de invitar a Rigoberta Menchú para incentivar la participación electoral. El contexto es la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas del estado a manos de fuerzas policíacas estatales, ejército y delincuencia organizada. Ana, tal es el nombre de mi hermana, cierra su discurso adolorido con una frase emotiva: si guardamos un minuto de silencio por cada muerto, nos quedamos callados para siempre, y nombra a varias víctimas de la violencia que han sido cercanas a ella, entre ellas, Gabriela, una prima que desapareció a los 15; hoy tendría, probablemente, 24 años. Unos días después, de madrugada, un primo mío me despierta; está ebrio y enojado. Me dice que mi hermana es un blanco. Como puedo, la convenzo de salir del pueblo. En el escenario nacional, la indignación crece ante la desaparición de 43 estudiantes de la ENR Ayotzinapa: muchos de ellos serían los primeros profesionistas de su familia y de su comunidad.
Ese año la confrontación entre grupos criminales en mi municipio de origen alcanzó su punto más álgido: los negocios cerraban antes de las tres de la tarde, y mientras la marina, el ejército y la policía federal resguardaban las entradas de Chilapa de Álvarez, adentro había balaceras y levantones continuos. Por esos días, no era raro escuchar detonaciones de armas de alto calibre y escuchar la explosión de granadas de fragmentación. Los enfrentamientos se volvieron tan frecuentes como las noticias de levantones.
Uno pensaría que no habría horror mayúsculo. Lo divertido de la vida es que uno siempre se equivoca
Uno piensa que la escalada no puede elevarse más, que el dolor recibido no puede ser mayor, pero cándidamente, se equivoca.
Llegó 2019 y demostró que las cosas siempre podrían empeorar.
A Noé lo conocí en 2009. En 2019, casi diez años después, fue asesinado.
Conviví cerca de tres años a su lado. La teoría del movimiento social, el ejemplo del tesón y la disciplina no tienen comparación en su persona. No lo idealizaré: como hombre de su tiempo, fue un revolucionario comprometido, como hombre de este tiempo tan dado a la crucifixión mediática, podríamos decir que era anacrónico; lo que es incuestionable es su compromiso para con el proyecto político que significa CNPA-MN. Caminó al frente de tomas de tierras en el estado de Chiapas, abanderó las demandas y la lucha de la colonia Emiliano Zapata, en Tuxtla Gutiérrez, y fue preso político del estado chiapaneco durante siete años, recién egresado de la Universidad Autónoma Chapingo.
Las largas caminatas por la serranía, las tardes y noches lluviosas, a su lado, no tuvieron otro significado que la reflexión y el conocimiento. Si dudábamos, Noé sabía darnos las palabras precisas para dar el siguiente paso. Hoy, estoy convencido -y sé que no soy el único- de sus palabras.
El 17 de enero de 2019 Noé fue acribillado y levantado por un comando paramilitar protegido por MORENA en el municipio de Amatán, Chiapas (con él levantaron a José Santiago Gómez Álvarez, militante del MOCRI); desde el mes de agosto anterior, miles de habitantes del mencionado municipio se opusieron al ascenso de Jesús Carpio Mayorga -viejo cacique en el poder desde 2003- al poder municipal.
Después de su primera administración, dejó mediante la imposición a su compadre, Orbelín García Bonifaz. En 2012 asumió el cargo de presidente municipal de nueva cuenta. En 2015 lo sucedió su hermano, Wilber Carpio Mayorga. Y en 2018, mediante la cooptación, la coerción, la imposición y la protección del senador Eduardo Ramírez Aguilar -protegido por la 4T, instigador de problemáticas de desplazamiento en los Altos de Chiapas-, Jesús Carpio Mayorga consigue imponerse con el cobijo de MORENA. El 19 de enero, Noé Jiménez, integrante del movimiento por la Paz, la Justicia y el Bien Común, dirigente nacional de CNPA-MN, es hallado ejecutado y con huellas visibles de tortura en un basurero. La noticia difundida por MORENA y el gobierno del estado chiapaneco es un saldo blanco ante la confrontación electoral (insisten en reducir la problemática social a un mero asunto electoral, cuando Manuel de Jesús Carpio Mayorga organizaba el desfalco al municipio, el narcotráfico, el tráfico de indocumentados así como la trata de blancas). Hoy, Manuel de Jesús Caarpio Mayorga enfrenta un proceso judicial, [en 2010 ya ha enfrentado otro], pero nada nos devolverá a Noé y José Santiago, además de que de inicio es un proceso muy viciado y lleno de irregularidades, entonces buen puede ser una forma legal de exonerarlo por sus crímenes. Sobre nosotros destella la luz de la impunidad frente a los aseinatos de nuestros compañeros.
El primero de octube, por la madrugada, suena una llamada: Francisco acaba de fallecer, me dice la voz al otro lado. Ya no consigo pactar la paz con el sueño.
Si bien es un asunto de salud, a mí me da por insistir: Francisco fue detenido en 2010 por el estado chiapaneco y mexicano como parte de una estrategia de desarticulación del movimiento campesino; frente a esa agresión, en 2010, además de participar en una huelga de hambre que duró 45 días (55 para Eric Bautista, preso desde abril de 2009 y liberado en octubre de 2012, tras haber pasado dos huelgas de hambre devastadoras), y una más de 15 días en 2012, así como madrugadas en que el personal del penal de Nayarit, a sabiendas del asma que padecía Francisco JP, le obligaban a salir al patio de madrugada a ser bañado a manguerazos de agua fría; el deterioro de su salud fue provocada por los malos tratos recibidos en prisión: su muerte, por tanto, es resultado de la represión sufrida a manos del estado mexicano en el período 2010-2013. En pocas palabras, la muerte del compañero Francisco Jiménez Pablo fue responsabilidad del estado represivo mexicano.
En noviembre, después de una larga enfermedad, falleció, víctima de Diabetes Mellitus, Blandino Gómez Mejía, un compañero de la organización en Veracruz. Solidario, comprometido, firme, sucumbió ante una enfermedad que miles de mexicanos enfrentan día con día.
Cuando llegué a este estado, alguien me recibió con los brazos abiertos: Blandino. En ese tiempo nos ahogaban las deudas y teníamos una muy limitada capacidad infraestructural. Si había que recorrer la sierra, Blandino siempre puso al servicio del movimiento sus vehículos sin aceptar jamás la reposición siquiera del combustible. Si alguien puso el hombro a la organización en esos días nebulosos, fue el compañero Blandino. En un momento en que conocía apenas a nadie, quien se ofreció solidario a desarrollar trabajo, fue ese hombre carente de educación académica y profundos valores machistas.¿Le dice uno que no al único apoyo incondicional que se acerca? ¿Se le ponen condiciones?
Sin echarle tierra a la administración de AMLO, salvo por el asesinato de nuestros compañeros suscitado en enero bajo el cobijo de MORENA y la connivencia de Eduardo Ramírez Aguilar, senador por el partido en el poder, instigador de muchos procesos de desplazamiento forzado en el estado de Chiapas, así como de la conformación de grupos paramilitares, 2019 fue un año que nos ofreció, a quienes somos militantes de CNPA MN, el camino del fortalecimiento ante la represión cínica y velada.
2020 no se muestra más benevolente, pero somos necios y como le dijeron a un compa en días pasados, a pesar de todo, hemos sabido salir fortalecidos de cada proceso, entre la represión y con todo en contra.

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